5 jul 2023

API BELDI YUYU (CUANDO CUMPLÍ 60)

A veces, o casi siempre, o siempre, estamos pidiendo a Dios, seamos honestos, aunque no creamos en su existencia, en son de caprichoso y aburrido reclamo más y más de lo que tenemos sin importarnos y sin darnos cuenta que la mínima parte de lo que nos rodea es suficiente para hacer feliz a un ayaymama. ¿Cómo no estar agradecido a ÉL mirando y sintiendo a mi lado a una hermosa e incansable esposa que me soporta casi 30 años y que es la artífice de mis más que logros levantadas de caídas a quien debo no se cuántas "gracias Mena"; cómo no estar agradecido a Dios por mi hijo Renato y por mi hija Claudia quienes aún demuestran que me aman soportando mi falta de cariño que a pesar que yo creo que es el suficiente no lo es para compensar y siquiera igualar al que ellos me tienen; cómo no estar agradecido por mi Padre que a sus 87 años y acompañado de su inseparable Pilar, aún se dan el gasto de hacer un viaje tan largo sólo para venir a visitarme y saludarme en esta fecha onomástica; cómo no estar agradecido a Dios por mi madre que por su bendita Gracia me ha dado dos; cómo no estar agradecido con mis hermanos a quienes siempre les faltará espacio para acomodar en sus cuartos a mis amados, hermosos, bulliciosos y pegajosos sobrinos que así es como me gustan; cómo no estar agradecido por mis cuñados que por obra milagrosa se mezclan nuestras sangres; cómo no agradecer a Dios por mi familia con quienes compartimos nuestras carnes; cómo no agradecer a Dios por mis amigos y más que todo por darles el coraje a ellos, Ustedes, de continuar considerándome como tal a pesar de cómo soy y cómo no les retribuyo a su amistad; cómo no agradecer a Dios por los años pasados, por los lugares recorridos, suelos ajenos amados, almohadas empapadas de sudor y llantos, pechos y hombros mojados de risas y cantos de amigos y amigas que el tiempo y memoria han querido borrar que aún conservan su existencia en lo más profundo del recuerdo y agradecimiento a quienes tendieron su mano amiga para servirme muchísimas veces o casi o todas la veces en bandeja de plata lo todo que ellos podían ofrecer que son deudas no pagadas que aún tengo y que permiten a mi conciencia estrellar un pastelazo en mi cara con un "paga la cuenta sinvergüenza y anda sirve y da y retribuye cuando otros necesiten"; cómo no agradecer por los desiertos recorridos y vividos, por los Andes y serranías que me dieron educación, suspiros y reposo, por las selvas y florestas llenas de vida y sonidos inimaginables que llenaron y aún llenan mi olla día a día; cómo no agradecer a Dios por mi trabajo, con el poder aún mover mis adoloridos dedos para aliviar otros dolores, estar agradecido por muchos y perdonado por otros por mi mal genio y mal carácter o por una que otra alveolitis inoportuna de vez en cuando que con otro pastelazo en la cara me hace ver que nadie es perfecto y que me hace asegurar como náufrago que se ahoga otra vez, de nuevo, de la Mano del Creador. Hace poco leí de mi amigo Nardo Aquiles Iñiguez al cumplir 60 añujes, que había llegado al 6to piso de un edificio. Ahora lo mismo digo yo, he llegado al 6to piso de este gran edificio que no sabemos cuántos tiene y menos aún cuántos nos será permitido subir, por la escalera, a un mismo ritmo de tiempo, con diferente resistencia de nuestros cuerpos, al inicio corriendo y queriendo llegar lo más rápido lo más alto posible y que ahora mirando por el borde prefiero continuarlo más despacio. Este edificio alto que al inicio nos parece tan alto que ni siquiera pensamos en su azotea no tiene ascensor, cada quien lo sube como puede, los escalones ya subidos los quieres bajar y no te es permitido, por más que te esfuerces no puedes. Te es permitido sólo mirar, ya no tocar, de algunos pisos aún percibes su aroma, de otros aún oyes el eco de tus sollozos y aún lees el pentagrama de tus risas. Los escalones que aún faltan sabes que pueden estar ahí, pero sólo ves la punta de tu pie, a veces descalzo, otras de tu zapato, lista para pisar y tienes que hacerlo, pisar y pisar porque no te es permitido parar ni descansar. A veces pienso que este edificio no tiene azotea hasta pararme frente al espejo de mi inocencia y ver que soy humano, que yo soy débil, y aspirando profundamente anhelar que sí, que este edificio tiene una azotea grande y espaciosa donde llegaremos algún día donde otros ya han llegado y que ahí nos encontraremos para todos reunirnos; y más aun ahí en el centro con una sonrisa enorme y con sus manos afectuosas extendidas para un abrazo, esperando, el Dueño del edificio. Hoy, mejor dicho desde el 2 hasta hoy (otra historia larga que contar) he llegado al piso 6 de este edificio. Sexto piso, aún miro y veo hacia abajo, aspiro sus aromas, oigo mis sollozos, leo y escucho el pentagrama de mis risas, aunque quiero no puedo bajar, no me es permitido, miro la punta de mi ahora calzado, y aún veo y siento el borde del escalón que sigue y, necio, quiero parar a descansar y no puedo, y sigo pisando y subiendo...

21 feb 2023

LA VERDADERA HISTORIA DE LA BODA DE DÑA. AMALGAMA CON EL SR. HOLLENBACK

ESTA HISTORIA ES CREACIÓN DEL DENTISTA BRASILEÑO DR. EDIVAL TOSCANO VARANDAS. AYER LA ENCONTRÉ EN UN RECORTE DE LA REVISTA APCD DE ENERO DEL 2002 QUE TENGO GUARDADA ENTRE MIS RECUERDOS. DECIDÍ TRADUCIRLA Y PUBLICARLA PARA DELEITE DE QUIENES GUSTAN DE LA ODONTOLOGÍA TANTO COMO YO.
GRACIAS
....................................................................................... ...................................................................... Era un día caliente. El calor aumentaba su intensidad tornando el sol tres veces más potente que lo normal; era el TRICRESOL propiamente dicho. A pesar de eso Dña. AMALGAMA estaba tranquila. Se lavantó SONRIENTE, limpió la boca con SENSODYNE, se enjuagó con CEPACOL en la ESCUPIDERA, tomó un bello baño con AGUA DE CAL, se colocó un poco de EDTA en los cabellos para aflojar mejor los "FÍONS", los arregló con la ESCOBILLA DE ROBINSON frente al ESPEJO BUCAL y partió para la manicure. No se podía decir lo mismo del Sr. HOLLENBACK, noble inglés de familia liverpooldiana, acostumbrado con las cosas exactas en las horas exactas. Se levantó dando PULPA en sus criados. Estaba irritadísimo por no encontrar sus lentes preferidos. Llamó a su más antiguo criado ALGANOL y le dice: - Busca ya mis lentes que tengo que ir al barbero. Así fue el día del matrimonio de Dña. AMALGAMA con el Sr. HOLLENBACK. En la noche, poco a poco, los invitados llegaban a la Iglesia de Nuestra Señora del Cadinho. Primero entraron los hermanos DAKIN y ODAKAN acompañados de sus respectivas esposas. En seguida VALMICID y su marido DAPPEN y ocupando los primeros lugares del banco de la iglesia, la familia S.S.WHITE. A las 14 horas en punto, el Sr. HOLLENBACK, con aquella su tradicional puntualidad británica, pone sus pies en la iglesia. Todo de negro, usando un modelo de nycron de la SYNTREX, ostentando un enorme kAVO en la solapa, acompañado de su genitora, camina en dirección al altar al son de la marcha nupcial de DEGUSSA. Poco a poco, la impaciencia toma cuenta del Sr. HOLLENBACK: la demora de la novia. Mira nerviosamente el reloj, los punteros andando, oyendose solamente un sonido: tic-tac, tic-tac, ADAPTIC-tac... De repente, después de treinta minutos de espera, todos se levantan para admirar la entrada de Dña. Amalgama. El Sr. HOLLENBACK no puede creer en lo que está viendo. Se saca sus grandes lentes, los limpia con un pañuelo, vuelve a colocarselos para ver si consigue admirar mejor a su novia. realmente Dña. AMALGAMA estaba linda. Toda de BLANCO DE ESPAÑA, un vestido de la última moda confeccionado por el famoso figurinista francés LE CRON, teniendo en el cuello una reluciente gargantilla de CONOS DE PLATA con PUNTAS DIAMANTADAS, asegurando en su mano derecha un enorme buqué de CERA ROSA WILSON. Emocionada, con su DENTADURA ejecutando movimientos de BÁSCULA, Dña. AMALGAMA sigue por aquella pasarela ANTI ABRASIVA, cuidando no resbalar y llega por el lado DISTAL de su novio y lo encuentra elegantemente duro, tal y cual YESO PIEDRA y acoplado al altar como el PISTILO en el MORTERO. Era el primer matrimonio de la parroquia que no era celebrado por un padre. Invitado especialmente de la ciudad de GODIVA, en la Italia, el PAPA NICOLAU yergue los brazos, bendiciendo con las manos a los novios, sellando así el JELTRATE religioso con efecto civil, conforme enseñan los mandamientos de la Santa madre Iglesia. Ya marido y mujer, Dña. AMALGAMA y el Sr. HOLLENBACK parten en luna de GEL con destino a GUTAPERCHA, ciudad de Hungría. Un elegante departamento compartían la comodidad de los dos en el lujoso hotel DABI, próximo a la estación de TRENDELEMBURG. Nunca el Sr. HOLLENBACK había pensado tener tanto PRESTIGE en países extrangeros. La noche era propicia para el amor. Y el Sr. HOLLENBACk, en un gesto de noble inglés, orgulloso de su ANILLO DE COBRE, abre una botella de SODA CLORADA y ofrece a Dña. AMALGAMA en una TAZA DE CAUCHO. Embriagados por el amor que los unía, el Sr. HOLLENBACK pregunta a Dña. AMALGAMA si ella KERR compartir consigo el lecho nupcial. Como la respuesta fue afirmativa, él la carga en los brazos en un ímpetu de "al fín solos" y la coloca sobre aquel colchón de aire, cubriendola enseguida con un DIQUE DE GOMA. Y en un gesto de afecto y cariño le acaricia su PICO DE BUNSEN y con intenciones APICALES, duda un poco si debe EXTRAER EL NERVIO de Dña. AMALGAMA y tímido y humildemente le pide que ella se saque sus PUNTAS DE PAPEL ABSORVENTES. Y, cuando los corazones se confundían en sus palpitaciones, en el silencio de aquella noche romántica y silenciosa, se oye un grito: -AAAAAAiiiiii!!!!!!...... Era el grito de la AMALGAMA diciendo: . Puede venir querido inglés, que yo ya estoy lista para ser ESCULPIDA!!!.

19 dic 2022

Mangos pa'la gente que sabe comer y pa'la gente que no sabe comer.


Chulucanas es la tierra del mango por excelencia, de esto pueden hablar los entendidos en las variedades de la fruta, tipos de suelos, climas y etcéteras de las que no tengo el menor conocimiento; pero que puedo afirmar que el fruto del mango en Chulucanas es delicioso, empezando desde los chililiques hasta los no sé qué nombres tienen, lo afirmo.

Lo que quiero contar rapidito y cortito es de una señora que vendía estas frutas a la llegada del expreso Sudamericano cuando su paradero era en la Plaza de Armas de la ciudad y llegaba a eso de las 3 de la tarde o a la hora que podía o le daba la gana, unas veces con el conductor manejando y otras con él empujando; pero llegaba. Esta señora estaba a la espera del carro cargando sobre su cabeza una bandeja o tina de aluminio llena de todo tipo de mangos y cuando veía llegar al ómnibus corría a las quitadas con otro poco de vendedoras que anunciaban sus productos por las ventanas del vehículo y ella gritaba "mangos pa'la gente que sabe comer y mangos pa'la gente que no sabe comer".

Si hay necesidad de explicarlo "mangos pa'la gente que sabe comer" eran aquellos no fibrosos, deliciosos que tenían la dureza adecuada para comerlos delicadamente hasta cortándolos con tenedor y cuchillo conservando intacta la blancura de tu ropa. Los "mangos pa'la gente que no sabe comer" eran y son aquellos fibrosos que apenas los mordías salía disparado un chorro de amarilla, fragante, pegajosa y dulce miel de rosas que te embarraba desde los ojos hasta tus rodillas y saliendo de regreso por tus fosas nasales escurría hacia tus codos y tú, con la ropa manchada hasta las medias y zapatos, no podías espantar el enjambre de abejas y avispas que te seguían hasta el infinito queriendo aprovechar también de la dulzura del potaje.

No soy exagerado y no miento, como todo piurano, cuando algo cuento.



25 nov 2022

CUANDO NACÍ TODOS REÍAN, YO ERA EL ÚNICO QUE LLORABA. ME HE PROPUESTO A VIVIR MI VIDA PARA QUE CUANDO YO MUERA TODOS LLOREN Y YO SEA EL ÚNICO QUE SONRÍA. ANÓNIMO

7 ago 2022

LAS SANTIGUAIS

Cuando ya era adulto, me encontré en Piura con un hombre que después de pocos minutos de conversación recordé que habíamos estudiado juntos en el Colegio Don Bosco, en Castilla, el primer año de secundaria. Yo lo recordaba, pero él a mi no. Así que se me ocurrió contarle lo siguiente: Como todo salesiano sabe, las misas eran casi todos los días, además de los ensayos del coro de la iglesia y las lecturas perfectas sin saltarse puntos ni comas de las Sagradas Escrituras para la ceremonia dominical. Todo esto era desarrollado en la capilla del colegio que estaba ubicada al fondo cerca del campo deportivo. En cierta ocasión apareció colgado de la parte más alta de la puerta de entrada de la capilla un panal enorme de santiguais, temidas avispas conocidas por su agresividad y poderoso veneno. Al término de cada servicio en la capilla algunos de los muchachos siempre nos demorábamos a propósito en retirarnos para, sin ningún control, arrojarles piedras a ver si el panal caía, lo hacíamos con mucho miedo y preparados para salir corriendo en caso eso sucediese. Un día no recuerdo por qué motivo yo, el piña, demoré en salir y lo hice cuando las piedras de los muchachos ya habían surtido efecto y el panal cayó a mis pies justo cuando yo estaba atravesando la puerta de salida. Las santiguais se alborotaron y quedé dentro de una nube negra que giraba como un remolino a mi alrededor; yo salí corriendo con las avispas pegadas en mi cabeza y espalda y toda la muchachada más atrás, incluido el Padre López, a punta de cuadernasos y manasos a ver si de alguna me salvaban. Creo que batí el récord de los 400 metros planos en toda la cancha de fútbol hasta que vino la calma. Ahí fue cuando este hombre me dice "Saldaña, el de las avispas, Claro que recuerdo, cómo me voy a olvidar" y, claro, nos dimos un fuerte abrazo. Tuve picaduras muy dolorosas en toda mi espalda y cabeza, pero una en el cuello fue la que más me afectó, pasé con mucha fiebre y dolor durante la noche y me perdí la misa del día siguiente porque no pude asistir al colegio ya que no podía mover mi cabeza ni para la derecha, ni izquierda ni para adelante ni atrás por causa del dolor, y así estuve varios días. Si tú, el que ahora lees, que ya peinas canas o tienes poco o nada que peinarte y estudiaste en el Don Bosco de Piura, primero B, el año 1969 y crees recordar algo, no lo dudes, ese soy yo. Un abrazo.

3 jul 2022

A BUEN ENTENDEDOR POCAS PALABRAS

A propósito de mis grandes deseos de viajar a Lima y cumplir con la invitación de mis primos "Guaraguaos" y "Chiquitines" o a quien le pueda interesar he recordado lo que sigue y para que se vayan preparando quiero compartirles: "Cuando ya era un muchacho grande mi madre me envió a Lima para pasar una temporada en casa de unas tías que eran bastante acomodadas. Previo al viaje las recomendaciones no faltaban y las más importantes eran que sea un muchacho respetuoso con todos, sencillo y principalmente que a la hora de las comidas dejara de ser pechugón y que comiera lo que me pusieran en la mesa. Me dijo que si me preguntasen por ejemplo qué presa de la gallina más me gustaba yo respondiese "la cabeza y el pescuezo"; y no la pechuga que era mi preferida, y que ellas ya sabrían agradarme con lo mejor. Así que desde la primera vez que me lo preguntaron y que yo de sonso les respondí tal como mi madre me lo había recomendado siempre que mataban gallina la tía decía: La cabeza y el pescuezo denle a Pablito que es lo que a él más le gusta. Y yo tuve que pasar una larga temporada con ellas aguantándome las ganas". Esto lo contó cuando yo era un niño, recuerdo, mi tío abuelo Pablo Ruesta Mastallier un día que justo habían matado gallina y él estaba de invitado al almuerzo. Mi abuelo, mi querido y grande Papá Kiko, sentado a la cabeza de la mesa le dice a mi madre: Tere, sírvele la pechuga a mi hermano que te acaba de mandar una indirecta bien directa. "Si, ya lo oí" dijo mi madre.

14 mar 2022

LA BURRA PIZPIRETA

DEDICADA AL SR. EGUDALDO ZEGARRA NONAJULCA, EN CHICLAYO

Es verdad Zegarrita que al mirar esos letreros por encima de la cama más parecen placas fúnebres que anticipan la partida de quienes aún no quieren irse. Letreros escritos con tu nombre, como apurados, uno más, dos más, las cantidades que sean, listos para ser reemplazados dejando las camas para otros que aferrándose a la vida entregan todo en manos de quienes curan.
Ojalá pudiésemos alguna vez reencontrarnos, no en ese mismo lugar que aunque sagrado ya no quisiera estar; en otras condiciones sí para seguir las charlas y termines de contarme tus andanzas allá por las sierras de Piura de la mano de tu hermanita que tan temprano se fue, o tú solo desde pequeño trabajando para seguir adelante aprendiendo, batallando y con tu salud completa sin nada molestando.
Claro que hicimos una buena amistad, cuatro o cinco días en el mismo cuarto fue suficiente para que en medio del dolor, la incomodidad y el peligro nos conociésemos; yo poniéndome en tu sufrimiento y tú en el mío y esperando la buena mano del médico y la respuesta del cielo para salir triunfantes.
Esta vez le sacamos la vuelta a la vida Zegarrita porque seguimos viviendo y porque la vida se nos pasa como si ella misma quisiera matarnos, y ella misma es la que algún día nos mata.
Orgullosa está Chiclayo de tantos edificios en donde con tu brazo experto en paletas, plomadas y palanas con ladrillos y cementos han sido levantados. Así sigue, con tu mente palaneando y esculpiendo ladrillos tras ladrillos que eso a ti te gusta, hasta el cansancio, para que de noche cuando llegues a tu casa los brazos de tu esposa, señora tan bonita y admirable, te reciban, sus manos te toquen y agarren las tuyas como en el hospital lo hacía cuando iba a visitarte.
Este cuento corto de un aficionado como yo lo dedico a tu amistad y al aprecio que llegué a tenerte. Espero Zegarrita, Dn. Egudaldo, que te encuentres ya recuperado, que te hayas sanado o estés sanando, como lo estoy yo, para alegría de los tuyos, eso espero. Lanzo una plegaria al Cielo a tu nombre Zegarrita, Dn. Zegarra, Zegarrita. Algún día nos encontramos.
Un abrazo.


Entre Chiclayo y Piura,

no sé si yendo pa’yá

o viniendo pa’cá, que,

siendo igualitas,

da lo mismo

vivía una burra pizpireta,

pituca de los Altos Montes,

que gustaba aparentar su encanto, elegancia y hermosura

dando vueltas en la Plaza

seguida de su fiel pareja.

Ella adelante y el burro atrás

deslumbrando al vecindario su belleza

exigiendo al cholo de su marido

acompañarle en su raro estilo.

 

Cierta tarde acostumbrada

en el lomo del arrebatado burro

unas moscas se posaron

a cavar su pellejo descosido

y la picazón enorme

obligó a pedirle

que le rasque con sus uñas

como había prometido;

pero ella no recordaba,

sólo las moscas le espantaba

con la rama de un overo

que sujetaba muy veleta,

en la punta de su jeta.

 Y las moscas injuriosas

lo atacaban con más fuerza

y el pobre piajeno

con su respiración atascada

limitaba su rebuzno

a una cara alargada

pa’ no hacer quedar mal

a su amada apitucada

quien con la mayor elegancia

sin soltar del hocico su ramita

golpeaba su espaldita

para espantar el mosquerío

que cada vez aumentaba

y la picazón... ¡Ay!

al burro no le pasaba.

 

Entre sus orejas el burro recordaba

troncos, palos y horquetas

de su libertad en los campos

en donde sin leyes impuestas

a su espalda rasqueteaba

cuándo y dónde su voluntad ordenaba.

¡Ahora entre moscas perecidas

que prefieren su espinazo,

ay, cómo lo hubiera cambiado

por un fuerte chicotazo!

y con sus ojos suplicando

¡chola linda!

¿qué te cuesta estar rascando

la espalda de tu marido

en vez de ir caminando?


Los milagros acontecen,

después de otra vuelta dar

la espalda del animal

rozó con un algarrobo

cuyo tronco le raspó

el espinazo rajado

y el burro se olvidó

de toda galantería

y con su espalda arremetió

justo donde él quería.

 

Las moscas al espantarse

no tenían dónde ir

buscando dónde posarse

el lomo de la burrita

que pretenciosa lucía

no dudaron invadir

pa’gujerear su cuero seco

que se esforzaba en lucir

y la picazón que no aguantaba

ya no pudo resistir.

Aguaitando a su marido

lo vio tirado en el suelo,

quien sin mejor consuelo

en un baño polvoriento

hacer las moscas huir.

 

Bien arriba del algarrobo

dos bandadas de choquecos

invisibles festejando

muy de fiesta alborotados

de la cazuela mirando

a la burra pizpireta

con sus patas hacia arriba

en otro hueco escarbando

entre ramas y horquetas

su espinazo está rascando,

exagerando, que hasta polvo levantaba,

a todo ojo cegando

y el burro aprovechando

se levantó desde el suelo

y a patadas invitando

hizo levantar la burra

que, al notar sus intenciones,

patitas pa’qué te quiero

como un rayo zumbando

y el burro atrás de ella

rienda suelta a sus instintos

le quitó la pituquería

montándola rebuznando.

 

 

Mario Marcelo Saldaña Ruesta

24 de julio 2020

 

9 mar 2022

MIS "PIESECITOS"


Me queman mis "piesecitos"

en medio "deste" arenal

el sol requete caliente

ni me deja caminar.

 

No traje ni mi camisa

ni tengo dónde pisar

la arena tan menudita

parece un espinar.

 

Me queman mis "piesecitos"

pa' cruzar este arenal

¿dónde está mi algarrobito

dónde estás algarrobal;

no ven que quiero cruzar

este ardiente pampanal

y que ni quiere el aguaterito

llevarme en su animal?

 

Los veo desde muy lejos

no llego a mi algarrobito

no llego al algarrobal

me queman mis "piesecitos"

no consigo ni caminar

y no traje ni mi camisa

pa' tener dónde pisar

y ni quiere el aguaterito

llevarme en su animal.

 

Alcanzo a mi algarrobito

alcanzo el algarrobal

qué rica que está la chicha

ya consigo descansar

y llega el aguaterito

arreando a su animal

y no me quiere llevar.

 

Preparo otra carrerita

diviso otro algarrobal

me queman mis "piesecitos"

a través del arenal

y no traje ni mi camisa

pa' tener dónde pisar

y ni quiere el aguaterito

llevarme en su animal.

 

Me queman mis "piesecitos"

pa' cruzar este arenal

¿dónde está mi algarrobito?

¿dónde estás algarrobal?

 

Plantados dentro de mi pecho

sombreando este arenal

ha "quedao" mi algarrobito

ha "quedao" mi algarrobal

adornando muy contentos

este bello transitar.

 

Ya no queman mis "piesecitos"

ni nunca más van a quemar.

 

  

Mario Marcelo Saldaña Ruesta



9 oct 2012

TIA CHEPITA

Allí dentro te esperaban,
esperaban que les cures,
esperaban y anhelaban tu llegada,
siempre tu llegada.

Que les cures,
esperaban tu llegada,
te querían y estimaban,
que les cures te pedían,
no tenían,
les curabas.

No recuerdo haberte contado qué pasó, cuando llegué al hotel qué pasó. ¿Recuerdas la camisa, toda rota y manchada con sangre de mi herida? Traté de pasar rápido y ocultando ese lado de mi cuerpo delante de ella que estaba planchando ropa en el patio del hotel. Me dijo, tuve una corazonada. ¿Hijo, qué te ha pasado? tu camisa está rota y manchada con sangre, dime ¿qué ha pasado, qué pasó? Nada, no es nada, má, le respondí. Mas, ante su insistencia, le conté todo, o casi todo; que no pude sostenerme en el muro, que la puerta vieja arrecostada en la pared no la pude alcanzar, que me quedé colgado y que me cansé, que me solté y que me caí; que la astilla de madera era grande y que sobresalía del borde de esa puerta y que mi barriga pasó raspando. Que el corte fue grande, que los puntos de sangre en el tejido grasoso los vi como un collar de perlas rojas que poco a poco afloraban y se agrandaban y que me quedé asustado, tan asustado que ni lloré; sólo grité. A pesar de mis gritos fuertes no me escucharon al otro lado de la pared en la casa vecina donde estaban los muchachos desgranando mazorcas de maíz. Y yo de sonzo que obedecí, que mis dedos me duelen, que los choclos están secos y duros, que anda trae un cuchillo de la casa de mi mamá. Y que yo fui, por no darme la vuelta por la puerta de la calle me encaramé al muro, por una peseta que ni me pagaron yo fui.
Subido al muro olvidé el encargo del cuchillo observando absorto los nidos de las zoñas y chilalos en las ramas altas de los algarrobos que había en tu corral. Observaba también por encima del techo de tejas del horno de barro donde para mí era muy difícil llegar la casa del "Boca Amarrada" que siempre me inspiró más que miedo respeto. Imaginaba el paraíso y esa fue la causa, pensé volar, ser más ágil y más liviano que los pájaros o trepar y bajar paredes como lagartija hasta darme cuenta que estaba colgado del borde del muro y que mis pies no alcanzaban la puerta y que mis manos arañaban desesperadamente el borde de la pared. No era un pájaro ni una lagartija me di cuenta; estaba colgado sin saber ni cómo subir ni cómo bajar, colgado hasta el cansancio.
Luego de caer pasé tirado en el suelo algo de tiempo que me pareció una eternidad, levantando la cabeza te vi, a gritos te llamé y corriendo me levantaste del suelo sacudiendo mi cuerpo empolvado; felizmente estabas tú que me escuchaste. Tranquilo, no te asustes muchacho macho, no vayas a llorar. No son las tripas que se salen me dijiste, es sangre.
Con un limón me curaste, me ardió más que esa vez del perro que me mordió, ¿recuerdas esa vez del perro cuando fuimos allá cerca del cerro?, tú y tu limón que me frotaste. Siempre llevabas uno, para el vértigo decías. Esa vez también al llegar a casa allá en el hotel traté de ocultar la cojera de mi pierna y ella, lo que siempre me decía, tuve una corazonada, ¿qué ha pasado? Le conté todo, que había estado contigo por el cerro, que el perro nos ladró, que era grande, que a pesar de la pedrada en el hocico agarró mi pierna y me mordió.
Disfrutaba acompañarte, cada vez que lo pedías me encantaba acompañarte. Que vamos, pobrecita, está enferma, que me han buscado para ahora en la noche, a las ocho. A las ocho está oscuro y me da miedo tía. Por eso vamos, acompáñame que da miedo, me decías. Y yo iba.
Las hojas grandes de algunas plantas en los corrales de las casas en la penumbra proyectaban a la calle unas sombras fantasmales que me empujaban hacia ti; no te asustes, son las hojas de los arboles, no te asustes, muchacho macho, no te asustes, me decías. No dejaba de temblar, pero allá yo iba, es que me encantaba acompañarte. Y los perros, en cada puerta que llamabas ya llegué, nos ladraban y salían al encuentro. Piedras no faltaban, no les tires sus dueños me decían, que no muerden, son mansitos y no muerden; que no muerden...
¿Recuerdas esa vez cuando el niño al verme de camisa blanca corrió para dentro de su casa pensando que yo era doctor, se metió debajo de su cama, y nosotros reímos hasta no parar?
Con qué avidez devorabas cuántas Steffanias o cualquier otra revista pasase frente a tus ojos, con qué facilidad lograbas arreglar con gotas de cera de una vela el diente roto de tu puente de oro que embellecía aún más tu sonrisa; no olvido tus natillas, manjares blancos y cocadas que cuando hacías, de recompensa, me empanzabas con ellos.
¿Dónde habrá quedado tu caja metálica donde hervías tus jeringas salvavidas para tanta gente pobre que no tenía a dónde más acudir? ¿Y tus jeringas y agujas que con tanto cuidado limabas su punta, limpiabas y hervías? ¿Qué calle de Chulucanas no recuerda tus menudos y veloces pasos? ¿En qué plegaria no habrán lanzado tu nombre al cielo, si allí dentro de sus casas, rosario en mano, postradas, te esperaban?
Me encantaba acompañarte, a donde sea que pedías, no dudaba acompañarte. Me encantaba que las sombras fantasmales de algunas plantas proyectadas en las calles me empujasen hacia ti; lo sabía, eran de las hojas de los arboles en los corrales de las casas en donde gente pobre esperaba la ampolleta que les cure, esperaban y anhelaban tu llegada, siempre tu llegada; esperaban tu llegada, te querían y estimaban, que les cures te pedían, no tenían, les curabas.
Y ella, mi madre, en mi casa en el hotel me decía, es mi hermana, soy yo misma, acompáñala.
Hoy las sombras fantasmales de recuerdos no me empujan, voy a ellas.
CON AMOR A MI TÍA Chepita, JOSEFA RUESTA ARÁMBULO

7 abr 2012

MALA RABIA

Tengo en la memoria haber escuchado la historia del orígen del plato y de su nombre "MALA RABIA". Como siempre cada quien intenta apropiarse de lo bueno y cada quien lo cuenta como que se originó en su propia tierra. Yo digo y aseguro que fue por un lugar del interior de Piura, Perú; especificamente por algun lado de la provincia de Morropón y aún más especificamente por los caminos antiguos de Chulucanas. Pues bien, en un lugar del camino de pase obligatorio de cualquier viajante vivía una pareja de la que el marido gustaba invitar a pernoctar y alimentarse a quien quiera que pasase por allí, y "gratis". Para esto mandaba a la mujer preparar la comida. Seguro en esos tiempos era de "vacas gordas",o mejor dicho de "cabras gordas" y no había problema, las chacras daban, las crías se multiplicaban y siempre había. PERO como todo tiene su espejo las "cabras gordas" tuvieron también "cabras flacas" y los alimentos escasearon. De todas maneras el hombre no se importaba y asi mismo mandaba a la mujer preparar con lo que había.
Estando asi llegaron algunos viajantes y no había casi nada. El hombre dio la órden conocida y la mujer muy molesta no sabía qué hacer. Estaba echando chispas de "cólera", puso la mano en lo único que había en la alacena: solo unos cuantos plátanos amarillos (de esos grandes y gordos que llamamos plátanos para sancochar), un poco de queso mantecoso, unas cuantas cebollas, pescado seco salado (seguramente caballa). Cocinó los plátanos y luego los magulló juntamente con el queso, fritó (¿asi se dice?, por aqui se dice "frió"; que hablen los expertos) las cebollas en manteca, quizás todo lo que había como aliños, pimienta, un poquito de sal y luego de remojar y lavar la caballa seca para quitarle la salmuera la despulpó en hilachas y mescló con todo lo anterior. Bien caliente y al plato, mejor dicho a la barriga. Los viajeros gustaron tanto que cuando siempre que retornaban y pasaban de visita por esa casa le decían a la señora: "Señora prepárese ese plato como cuando usted estaba de mala rabia con nosotros". ¿Será verdad? claro que fue verdad, en Piura nunca mienten, "por mi chivito lindo". Y verdad también es que es delicioso. Una mescla de sal con el dulce del plátano que no se explica. El queso, la caballa, la cebolla; ya no, ya. Y es piurano por excelencia. Vivo lejos de mi tierra y de vez en cuando experimento y la preparo, es deliciosa. No se cocinar, imaginen cómo queda cuando alguien que sabe la prepara. Nació de un colerón, la mujer estaba molesta y fastidiada porque no había; ahora cuando se la prepara todos están contentos y nadie tiene rabia, a no ser a quien le sirven poco, y todo es fiesta. Mejor aún que siendo un plato tan simple y barato en SEMANA SANTA supera y es preferido que cualquier plato fino y caro del mundo POR POBRES… Y RICOS también. ¡Para meditar! AMÉM…doim!