5 jul 2023
API BELDI YUYU (CUANDO CUMPLÍ 60)
21 feb 2023
LA VERDADERA HISTORIA DE LA BODA DE DÑA. AMALGAMA CON EL SR. HOLLENBACK
19 dic 2022
Mangos pa'la gente que sabe comer y pa'la gente que no sabe comer.
Chulucanas
es la tierra del mango por excelencia, de esto pueden hablar los entendidos en
las variedades de la fruta, tipos de suelos, climas y etcéteras de las que no
tengo el menor conocimiento; pero que puedo afirmar que el fruto del mango en
Chulucanas es delicioso, empezando desde los chililiques hasta los no sé qué
nombres tienen, lo afirmo.
Lo
que quiero contar rapidito y cortito es de una señora que vendía estas frutas a
la llegada del expreso Sudamericano cuando su paradero era en la Plaza de Armas
de la ciudad y llegaba a eso de las 3 de la tarde o a la hora que podía o le
daba la gana, unas veces con el conductor manejando y otras con él empujando;
pero llegaba. Esta señora estaba a la espera del carro cargando sobre su cabeza
una bandeja o tina de aluminio llena de todo tipo de mangos y cuando veía
llegar al ómnibus corría a las quitadas con otro poco de vendedoras que
anunciaban sus productos por las ventanas del vehículo y ella gritaba
"mangos pa'la gente que sabe comer y mangos pa'la gente que no sabe comer".
Si
hay necesidad de explicarlo "mangos pa'la gente que sabe comer" eran
aquellos no fibrosos, deliciosos que tenían la dureza adecuada para comerlos
delicadamente hasta cortándolos con tenedor y cuchillo conservando intacta la
blancura de tu ropa. Los "mangos pa'la gente que no sabe comer" eran
y son aquellos fibrosos que apenas los mordías salía disparado un chorro de
amarilla, fragante, pegajosa y dulce miel de rosas que te embarraba desde los
ojos hasta tus rodillas y saliendo de regreso por tus fosas nasales escurría
hacia tus codos y tú, con la ropa manchada hasta las medias y zapatos, no
podías espantar el enjambre de abejas y avispas que te seguían hasta el
infinito queriendo aprovechar también de la dulzura del potaje.
No
soy exagerado y no miento, como todo piurano, cuando algo cuento.
25 nov 2022
7 ago 2022
LAS SANTIGUAIS
3 jul 2022
A BUEN ENTENDEDOR POCAS PALABRAS
14 mar 2022
LA BURRA PIZPIRETA
DEDICADA AL SR. EGUDALDO
ZEGARRA NONAJULCA, EN CHICLAYO
Es verdad Zegarrita que al mirar esos letreros por encima de la cama más
parecen placas fúnebres que anticipan la partida de quienes aún no quieren irse.
Letreros escritos con tu nombre, como apurados, uno más, dos más, las
cantidades que sean, listos para ser reemplazados dejando las camas para otros
que aferrándose a la vida entregan todo en manos de quienes curan.
Ojalá pudiésemos alguna vez reencontrarnos, no en ese mismo lugar que aunque
sagrado ya no quisiera estar; en otras condiciones sí para seguir las charlas y
termines de contarme tus andanzas allá por las sierras de Piura de la mano de
tu hermanita que tan temprano se fue, o tú solo desde pequeño trabajando para
seguir adelante aprendiendo, batallando y con tu salud completa sin nada
molestando.
Claro que hicimos una buena amistad, cuatro o cinco días en el mismo cuarto fue
suficiente para que en medio del dolor, la incomodidad y el peligro nos
conociésemos; yo poniéndome en tu sufrimiento y tú en el mío y esperando la
buena mano del médico y la respuesta del cielo para salir triunfantes.
Esta vez le sacamos la vuelta a la vida Zegarrita porque seguimos viviendo y
porque la vida se nos pasa como si ella misma quisiera matarnos, y ella misma
es la que algún día nos mata.
Orgullosa está Chiclayo de tantos edificios en donde con tu brazo experto en
paletas, plomadas y palanas con ladrillos y cementos han sido levantados. Así
sigue, con tu mente palaneando y esculpiendo ladrillos tras ladrillos que eso a
ti te gusta, hasta el cansancio, para que de noche cuando llegues a tu casa los
brazos de tu esposa, señora tan bonita y admirable, te reciban, sus manos te
toquen y agarren las tuyas como en el hospital lo hacía cuando iba a visitarte.
Este cuento corto de un aficionado como yo lo dedico a tu amistad y al aprecio
que llegué a tenerte. Espero Zegarrita, Dn. Egudaldo, que te encuentres ya
recuperado, que te hayas sanado o estés sanando, como lo estoy yo, para alegría
de los tuyos, eso espero. Lanzo una plegaria al Cielo a tu nombre Zegarrita,
Dn. Zegarra, Zegarrita. Algún día nos encontramos.
Un abrazo.
Entre Chiclayo y Piura,
no sé si yendo pa’yá
o viniendo pa’cá, que,
siendo igualitas,
da lo mismo
vivía una burra pizpireta,
pituca de los Altos Montes,
que gustaba aparentar su
encanto, elegancia y hermosura
dando vueltas en la Plaza
seguida de su fiel pareja.
Ella adelante y el burro atrás
deslumbrando al vecindario su
belleza
exigiendo al cholo de su
marido
acompañarle en su raro estilo.
Cierta tarde acostumbrada
en el lomo del arrebatado
burro
unas moscas se posaron
a cavar su pellejo descosido
y la picazón enorme
obligó a pedirle
que le rasque con sus uñas
como había prometido;
pero ella no recordaba,
sólo las moscas le espantaba
con la rama de un overo
que sujetaba muy veleta,
en la punta de su jeta.
lo atacaban con más fuerza
y el pobre piajeno
con su respiración atascada
limitaba su rebuzno
a una cara alargada
pa’ no hacer quedar mal
a su amada apitucada
quien con la mayor elegancia
sin soltar del hocico su
ramita
golpeaba su espaldita
para espantar el mosquerío
que cada vez aumentaba
y la picazón... ¡Ay!
al burro no le pasaba.
Entre sus orejas el burro
recordaba
troncos, palos y horquetas
de su libertad en los campos
en donde sin leyes impuestas
a su espalda rasqueteaba
cuándo y dónde su voluntad
ordenaba.
¡Ahora entre moscas perecidas
que prefieren su espinazo,
ay, cómo lo hubiera cambiado
por un fuerte chicotazo!
y con sus ojos suplicando
¡chola linda!
¿qué te cuesta estar rascando
la espalda de tu marido
en vez de ir caminando?
Los milagros acontecen,
después de otra vuelta dar
la espalda del animal
rozó con un algarrobo
cuyo tronco le raspó
el espinazo rajado
y el burro se olvidó
de toda galantería
y con su espalda arremetió
justo donde él quería.
Las moscas al espantarse
no tenían dónde ir
buscando dónde posarse
el lomo de la burrita
que pretenciosa lucía
no dudaron invadir
pa’gujerear su cuero seco
que se esforzaba en lucir
y la picazón que no aguantaba
ya no pudo resistir.
Aguaitando a su marido
lo vio tirado en el suelo,
quien sin mejor consuelo
en un baño polvoriento
hacer las moscas huir.
Bien arriba del algarrobo
dos bandadas de choquecos
invisibles festejando
muy de fiesta alborotados
de la cazuela mirando
a la burra pizpireta
con sus patas hacia arriba
en otro hueco escarbando
entre ramas y horquetas
su espinazo está rascando,
exagerando, que hasta polvo
levantaba,
a todo ojo cegando
y el burro aprovechando
se levantó desde el suelo
y a patadas invitando
hizo levantar la burra
que, al notar sus intenciones,
patitas pa’qué te quiero
como un rayo zumbando
y el burro atrás de ella
rienda suelta a sus instintos
le quitó la pituquería
montándola rebuznando.
Mario Marcelo Saldaña Ruesta
24 de julio 2020
9 mar 2022
MIS "PIESECITOS"
Me queman mis "piesecitos"
en medio "deste" arenal
el sol requete caliente
ni me deja caminar.
No traje ni mi camisa
ni tengo dónde pisar
la arena tan menudita
parece un espinar.
Me queman mis "piesecitos"
pa' cruzar este arenal
¿dónde está mi algarrobito
dónde estás algarrobal;
no ven que quiero cruzar
este ardiente pampanal
y que ni quiere el aguaterito
llevarme en su animal?
Los veo desde muy lejos
no llego a mi algarrobito
no llego al algarrobal
me queman mis "piesecitos"
no consigo ni caminar
y no traje ni mi camisa
pa' tener dónde pisar
y ni quiere el aguaterito
llevarme en su animal.
Alcanzo a mi algarrobito
alcanzo el algarrobal
qué rica que está la chicha
ya consigo descansar
y llega el aguaterito
arreando a su animal
y no me quiere llevar.
Preparo otra carrerita
diviso otro algarrobal
me queman mis "piesecitos"
a través del arenal
y no traje ni mi camisa
pa' tener dónde pisar
y ni quiere el aguaterito
llevarme en su animal.
Me queman mis "piesecitos"
pa' cruzar este arenal
¿dónde está mi algarrobito?
¿dónde estás algarrobal?
Plantados dentro de mi pecho
sombreando este arenal
ha "quedao" mi algarrobito
ha "quedao" mi algarrobal
adornando muy contentos
este bello transitar.
Ya no queman mis "piesecitos"
ni nunca más van a quemar.
Mario
Marcelo Saldaña Ruesta

